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CHAPARRO DESCORCHADO
Colección personal de Fco. J. Medina
Pérez
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'Fragmentos'
"Un
árbol dice: En mi vida se oculta un
núcleo, una chispa, un pensamiento,
soy vida de la vida eterna. Única es
la tentativa y la creación que en mi
ha osado la Madre Eterna. Única es
la forma y únicas las vetas de mi
piel, único el juego más
insignificante de las hojas de mi
copa y la más pequeña cicatriz de mi
corona. Mi misión es dar forma y
presentar lo eterno en mis muescas
singulares."
(Herman Hesse, 'El viandante')
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"Érase
un bosque no tocado por las
manos del hombre desde tiempos
inmemoriales, donde las ramas
de los árboles se entretejían
para formar un espacio de
oscuridad y fría sombra, y al
que no llegaba la luz del sol.
No moraba allí el Pan rural,
ni Silvano, dios de los
bosques, ni las ninfas; pero
allí rendían culto a
los dioses
con ritos salvajes, |
los
altares atestados de espantosas
ofrendas, todos y cada uno de los
árboles rociados con cuajarones de
sangre humana. Sobre estas ramas, si
la antigüedad respetuosa de los
dioses merece algún crédito, temían
posarse los pájaros; bajo su
espesura ni las bestias salvajes
yacían; nunca el viento rozó ese
bosque, ni las nubes negras
arrojaron rayos sobre él; los
árboles, aún cuando extendían sus
ramas hacia la ausencia de brisa,
susurraban entre sí. También el agua
manaba en abundancia de oscuros
arroyos. Las imágenes de dioses,
torvos y rudos, estaban toscamente
talladas en los troncos de los
árboles. La leyenda decía asimismo
que los huecos subterráneos bramaban
y se estremecían con frecuencia, que
los tejos caían y se alzaban de
nuevo, que el fulgor del incendio
venía de los árboles donde el fuego
no había prendido, y que las
serpientes se deslizaban
retorciéndose tronco abajo. Las
gentes nunca acudieron allá para
rendir culto de cerca, sino que
dejaban el lugar a los dioses.
Cuando el sol está en el medio del
cielo o lo llena la oscura noche, el
mismo sacerdote tiene miedo y teme
sorprender al Señor del Bosque."
(Lucano, 'Libro III, líneas
390-425')
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"Entraron en el círculo de árboles
blancos. En ese momento el viento
del sur sopló sobre Cerin Amroth y
suspiró entre las ramas. Frodo se
detuvo, oyendo a lo lejos el rumor
del mar en playas que habían
desaparecido hacia tiempo, y los
gritos de unos pájaros marinos ya
extinguidos en el mundo.
Haldir
se había adelantado y ahora trepaba
a la elevada plataforma. Mientras
Frodo se preparaba para seguirlo,
apoyó la mano en el árbol junto a la
escala; nunca había tenido antes una
conciencia tan repentina e intensa
de la textura de la corteza del
árbol y de la vida que había bajo la
mano, lo deleitaba, pero no como a
un leñador o a un carpintero; era el
deleite de la vida misma del árbol."
(J.R.R. Tolkien, 'El Señor de los
Anillos, libro I -Lothlorien-')
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