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selección de relatos

He trabajado sobre todo el relato de fantasía y la redacción de cuentos. Entre ellos, los más destacados están dedicados a los árboles. En estas pseudo-leyendas sintetizo los conocimientos y sentimientos adquiridos respecto a diversos árboles para crear una serie de cuentos juveniles. Todos los títulos contienen el nombre del personaje principal (que es el único nombre en las historias), unas palabras descriptivas del cuento y el nombre científico del árbol en cuestión. Aparte de esto he escrito diversos poemas y relatos de diferentes temáticas y siempre en un sentido más o menos introspectivo.

Abajo algunas ilustraciones de los cuentos y pequeños fragmentos representativos:

..RELATOS SOBRE ÁRBOLES

 
 

 

         
 
 

LA BÚSQUEDA DE NUNGU TROHES (Tamarix africana)

[...] -¿A qué temes más, amigo Trohes, a la vida o a la muerte? –Dijo poniendo una enigmática inflexión en sus palabras.

-Ninguna de las dos me importan, mi señor. Pero la vida es ahora lo que tengo. Ya ajustaré cuentas con la muerte cuando venga.

-Bien, bien. –Dijo el hechicero complacido- Eres un hombre perspicaz. Me alegra que nada te importe, pero va siendo hora de que vuelvas tus intereses hacia la muerte, porque hacia ella voy a enviarte. ¡Acompáñame a la torre! ¡Hoy vamos a desempolvar una magia antigua y poderosa para un hombre que no vale ni el pellejo de un garbanzo! [...]

 

LA MALDICIÓN DE SIFUEMO (Populus nigra)

[...] Sus registros mentales eran inmensos pero, aún así, aquellos seres no encajaban con ninguno de sus recuerdos. Uno de los árboles junto a él se agitó. Conocía los pensamientos del genio y se prestó a ayudarle.

-Maestro, -susurró el viejo árbol- los que ahi ves son criaturas hombres y criaturas mujeres. Ambos son de la misma especie animal. Son inteligentes pero extremadamente peligrosos. A veces pasan por aquí cerca para dirigirse al norte, pero esta es la primera vez que se adentran en nuestra región. Aléjate de ellos, sólo traen desgracias sobre la tierra que pisan.

-Mi venerable amigo álamo, -contestó Sifuemo con iguales susurros- llevo siglos esperando compartir mi tesoro con alguna criatura racional. Sólo deseo que alguien disfrute de mis versos sobre vuestras hojas, ya que vosotros ignoráis la belleza de la poesía y el misterio de la escritura. No me harán daño las criaturas hombres y las criaturas mujeres pues soy poderoso y sabio. ¡Iré ahora a conocerlos! [...]

 

BÁLHABO, EFÍMERO E INMORTAL (Abies pinsapo)

[...] Bálhabo, seducido por la belleza del rayo, salió de su estrecho refugio y quiso coronar el pico más alto, allí donde los árboles no enturbiasen la pureza magnánima del cielo. Otro rayo aceleró su corazón. Pestañeó muchas veces fascinado por el fulgor plateado de aquel prodigio y, cuando vino a darse cuenta, ya corría veloz hacia la más alta cumbre incapaz de contener sus alocadas patas, pues era mayor en él la curiosidad que el miedo. [...]

[...] Acudió de pronto la sombra del Pinsapo a ocupar su mente y, de esta forma, Bálhabo supo que lo estaba llamando. En este tormentoso propósito agotó el animal sus últimas fuerzas y no paró hasta que su hocico golpeó la mullida corteza del venerable árbol. Un suspiro escapó por su boca. Era de satisfacción, pero la llama de la vida era ya tan frágil que, con ese leve soplo, se apagó. [...]

 

EL RESCATE DE LAIDA (Crataegus monogyna)

[...] Zarmefal, muy lejos de allí, sufría penosamente la espera. En su guarida del bosque, inmerso en la soledad y la sombra, contaba cada minuto que transcurría. Nada le apetecía. Sólo deseaba ver a su prometida, verla en cada segundo, en todos los momentos. El corazón se le ausentaba de repente y arrastraba con él la cordura y la razón que aún quedaba en su cabeza. Al cabo de un momento de confusión y locura se descubría transformado, como si fuese una criatura salvaje y monstruosa. Se detenía sorprendido por su actitud. En sus manos había sangre y su pecho aspiraba violentamente el aire helado de la madrugada. [...]

 

FIGRO, EL ERMITAÑO DE LAS RUINAS (Ficus carica)

[...] Y fue en uno de esos pozos, el que más oculto estaba por las zarzas, en el que Figro halló su muerte.

-Cuando muera –formuló en su arcano hechizo– quiero que mi carne se transforme en la imperecedera higuera, para que mis ramas den un fruto dulce, como dulce y puro fue mi amor. Y quiero habitar donde la nostalgia guió mis pasos; a las casas ruinosas, a los pozos perdidos, a los muros solitarios, a las ocultas fuentes..., allí donde alguna vez saltaron los niños y rió la gente, pero que ahora está ruinoso y olvidado como yo. [...]

 

 

Lo que más me gusta de no saber nada es que el único camino que me queda es inventar.

 

 

© Francisco Cózar  2007

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