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LA BÚSQUEDA DE NUNGU TROHES (Tamarix
africana)
[...] -¿A
qué temes más, amigo Trohes, a la vida o
a la muerte? –Dijo poniendo una
enigmática inflexión en sus palabras.
-Ninguna
de las dos me importan, mi señor. Pero
la vida es ahora lo que tengo. Ya
ajustaré cuentas con la muerte cuando
venga.
-Bien,
bien. –Dijo el hechicero complacido-
Eres un hombre perspicaz. Me alegra que
nada te importe, pero va siendo hora de
que vuelvas tus intereses hacia la
muerte, porque hacia ella voy a
enviarte. ¡Acompáñame a la torre! ¡Hoy
vamos a desempolvar una magia antigua y
poderosa para un hombre que no vale ni
el pellejo de un garbanzo! [...]
LA
MALDICIÓN DE SIFUEMO (Populus nigra)
[...]
Sus registros mentales eran inmensos
pero, aún así, aquellos seres no
encajaban con ninguno de sus recuerdos.
Uno de los árboles junto a él se agitó.
Conocía los pensamientos del genio y se
prestó a ayudarle.
-Maestro,
-susurró el viejo árbol- los que ahi ves
son criaturas hombres y criaturas
mujeres. Ambos son de la misma especie
animal. Son inteligentes pero
extremadamente peligrosos. A veces pasan
por aquí cerca para dirigirse al norte,
pero esta es la primera vez que se
adentran en nuestra región. Aléjate de
ellos, sólo traen desgracias sobre la
tierra que pisan.
-Mi
venerable amigo álamo, -contestó Sifuemo
con iguales susurros- llevo siglos
esperando compartir mi tesoro con alguna
criatura racional. Sólo deseo que
alguien disfrute de mis versos sobre
vuestras hojas, ya que vosotros ignoráis
la belleza de la poesía y el misterio de
la escritura. No me harán daño las
criaturas hombres y las criaturas
mujeres pues soy poderoso y sabio. ¡Iré
ahora a conocerlos! [...]
BÁLHABO,
EFÍMERO E INMORTAL (Abies pinsapo)
[...]
Bálhabo, seducido por la
belleza del rayo, salió de su estrecho
refugio y quiso coronar el pico más
alto, allí donde los árboles no
enturbiasen la pureza magnánima del
cielo. Otro rayo aceleró su corazón.
Pestañeó muchas veces fascinado por el
fulgor plateado de aquel prodigio y,
cuando vino a darse cuenta, ya corría
veloz hacia la más alta cumbre incapaz
de contener sus alocadas patas, pues era
mayor en él la curiosidad que el miedo.
[...]
[...]
Acudió de pronto la sombra del Pinsapo a
ocupar su mente y, de esta forma,
Bálhabo supo que lo estaba llamando. En
este tormentoso propósito agotó el
animal sus últimas fuerzas y no paró
hasta que su hocico golpeó la mullida
corteza del venerable árbol. Un suspiro
escapó por su boca. Era de satisfacción,
pero la llama de la vida era ya tan
frágil que, con ese leve soplo, se apagó.
[...]
EL
RESCATE DE LAIDA (Crataegus monogyna)
[...] Zarmefal,
muy lejos de allí, sufría penosamente la
espera. En su guarida del bosque,
inmerso en la soledad y la sombra,
contaba cada minuto que transcurría.
Nada le apetecía. Sólo deseaba ver a su
prometida, verla en cada segundo, en
todos los momentos. El corazón se le
ausentaba de repente y arrastraba con él
la cordura y la razón que aún quedaba en
su cabeza. Al cabo de un momento de
confusión y locura se descubría
transformado, como si fuese una criatura
salvaje y monstruosa. Se detenía
sorprendido por su actitud. En sus manos
había sangre y su pecho aspiraba
violentamente el aire helado de la
madrugada. [...]
FIGRO, EL ERMITAÑO DE LAS RUINAS (Ficus
carica)
[...] Y
fue en uno de esos pozos, el que más
oculto estaba por las zarzas, en el que
Figro halló su muerte.
-Cuando
muera –formuló en su arcano hechizo–
quiero que mi carne se transforme en la
imperecedera higuera, para que mis ramas
den un fruto dulce, como dulce y puro
fue mi amor. Y quiero habitar donde la
nostalgia guió mis pasos; a las casas
ruinosas, a los pozos perdidos, a los
muros solitarios, a las ocultas
fuentes..., allí donde alguna vez
saltaron los niños y rió la gente, pero
que ahora está ruinoso y olvidado como
yo. [...]
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